Los litigios relacionados con la IA requieren, de manera específica, conocimientos especializados integrados, ya que los sistemas de IA se sitúan en la intersección de tres ámbitos inseparables: son artefactos técnicos cuyo comportamiento debe explicarse, activos económicos cuyo valor debe cuantificarse y herramientas probatorias cuya fiabilidad debe defenderse ante los tribunales.
A diferencia de los litigios tradicionales, en los que las cuestiones técnicas, financieras y jurídicas pueden abordarse de forma secuencial o independiente, los litigios relacionados con la inteligencia artificial plantean desafíos en los que estas dimensiones son fundamentalmente interdependientes y no pueden separarse.